sábado, 25 de febrero de 2012

El icono que mejor define la crisis actual lo constituyen unas tijeras

La intensidad y duración de la crisis está agravando la situación económica en España. Todavía no se ha tocado fondo y la previsión de recuperación es peor que en otros países de la Unión Europea. Además España constituye el país de la unión donde más están aumentando las diferencias entre ricos y pobres.

Se confirma que estamos en recesión y para ello los gobiernos están adoptando medidas que buscan reducir el déficit público. Estas medidas, basadas principalmente en la reducción del gasto público, están incidiendo de forma directa en el presupuesto sanitario cuyo gasto había sido además creciente en los años anteriores a la crisis.

Los recortes que se están llevando a cabo están teniendo efectos a corto plazo, pero habrá otros que sólo se notarán a largo plazo.

Se está suprimiendo de forma totalitaria la contratación temporal por bajas, vacaciones, excedencias o jubilaciones del personal sanitario lo que deriva en una mayor sobrecarga y aumento de la presión sobre los profesionales sanitarios. Estas medidas repercuten en la calidad asistencial y en las listas de espera.

Los efectos a largo plazo afectarán a rebajas en la prevención. Está ocurriendo en proyectos de salud pública y prevención de enfermedades como el VIH. Los hospitales españoles están reduciendo servicios y clausurando quirófanos para evitar las costosas horas extraordinarias.El otro efecto de la crisis que ya se deja ver es el nivel de deuda farmacéutica que han contraído las comunidades autónomas. Esta deuda se está prolongando desde hace meses y ha obligado a los farmacéuticos a contratar créditos para poder hacer frente a los pagos de proveedores.

El sistema nacional de salud, considerado como la joya de la corona de las instituciones públicas, es uno de los mejores sistemas sanitarios de Europa. Cuenta con una de las esperanzas de vida más altas de la OCDE, con uno de los gastos en sanidad per capita más bajos pero con unos resultados clínicos al mismo nivel que los países más avanzados.

Por ello debemos evitar que desaparezcan los efectos positivos del actual sistema sanitario, intentemos reducir sus efectos negativos y apostemos por que se mantenga la calidad asistencial en niveles propios de un estado de bienestar.

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